Banana fish la droga que aprovecha la humanidad al limite, destrozando sueños y envolviéndote en un manto de pesadillas sin fin mientras se obedece al más fuerte de la cadena alimenticia. Se tiene en claro que la trama de esta historia gira en torno a un héroe buscando su libertad, pero al descubrir un secreto todo se dificulta.
Los Estados Unidos es el lugar destinado de visita de muchos extranjeros, la ciudad de ensueños, la libertad, su buena calidad de vida, oportunidad de trabajo y demás. Banana fish te muestra el lado oscuro de los Estados Unidos, por un lado la buena vida de la gente normal, y por el otro lo que la gente de las calles como delincuentes viven. A este mundo es arrastrado Eiji Okumura, un chico de 19 años universitario, saltador de pértigo y de buena familia, que conocerá a nuestro querido Ash Lynx, un joven rubio de ojos verdes cautivador para cualquier persona, líder de una pandilla e íntimamente ligado a Dino, mafioso mayor dentro de New York.
Dos polos opuestos fuertemente atraídos por leyes del destino, como si se tratase de algo planeado, la vida de Eiji cruza con la de Ash y no es hasta eso, que nuestro ángel encarcelado comienza anhelar libertad de las garras de su opresor, Dino.
A lo que me hace querer preguntarme ¿Agradecimos lo suficiente la llegada del japonés a la vida del americano? Creo que no. Ash Lynx estaba dispuesto a seguir soportando todo hasta ahora, no le importaba nada, todas las riquezas del mundo en la palma de su mano y su único sacrificio era la libertad. Sin embargo, todo se transforma con el amable Eiji, Ash se vulnera, porque antes de ser un demonio a sangre fría, como lo conocían, también era un humano herido y eso solo pudo notarlo nuestro querido japonés. Sin juzgarlo, sin preguntarle, sin empatizarlo, lo trato como alguien normal, un amigo más. ¿Qué más podía hacer? Nunca encontró la respuesta a su interrogante, pero estuvo para él siempre que pudo.
Y aunque puede que hasta este punto ya se estén cansando de leer tanto de Ash y Eiji, son ellos los que hacen de Banana Fish una obra magistral. Tan palpable, tan real, tan emocional, cuestionamos que justo mientras vemos esta serie existen niños pasando por las mismas situaciones, sin tener voz ni voto, son usados y desechados como si de objetos se tratasen. Bien pudo desenvolverse como una historia cruda de venganzas, drogas y muertes, pero el plus no es ese, lo que complementa esta historia es la superación, la parte humana y vulnerable que se posee, conlleva una carga de sentimentalismo.
Tenemos en claro, los bien trabajado que estan Eiji y Ash como protagonistas de la obra, pero hablemos de los personajes secundarios que sin descartarles crédito lograron avanzar en la trama. Unos compadecidos de Ash ayudándole mientras saldaban deudas personales, otros con objetivos similares apoyándolo, y más beneficiándose de la situación. Involucrando a gente inocente de camino, rozando la vida con la muerte, sacrificios y dolor. De las incontables muertes que ocurren, la de Shoter puedo colocarla en el primer puesto, de las mas dolorosas y dañinas que enfrento Ash y vivió con la culpa hasta el final. Skip un pequeño que idolatraba al lince joven de la mafia, no hizo nada más que ser de ayuda y apoyo para terminar en el frío pavimento. Arthur, el rival de Ash, ansiaba el poder y reconocimiento de este hasta el punto de dar su vida con tal de superarlo. No lo logró.
La contra parte, los malos de la historia, luego de todas las traiciones que logró Ash, Dino siempre tuvo el poder de matarlo, pero no lo hizo. Dino sentía un compromiso con el niño que recogió, era su creación y solo el podía despojarlo de la vida que le dio. Por ello, Ash pudo vivir hasta lo último, el orgullo de Dino y su obsesión con el joven rubio colgaban sobra una balanza equilibrando lo suficiente como para no decidir. Tenía en claro que Ash no podía escapar de esa vida, siempre regresaría a donde pertenece, solo era cuestión de tiempo, o de arrebatarle aquello que alejaba al pelirrubio de sus garras.
Sin temerle a la muerte, pero tampoco ansiarla. Ash prefiere hacer un último acto de voluntad, acabar con la droga que le arrebato a su hermano, a su amigo, a varios de sus camaradas y próximamente podría ser a Eiji.
Lo más cercano a un padre que puede tener Ash es a Max, compañero de celda y amigo de su difunto hermano. Aunque la edad de diferencia no es mucha, Max empatizo con el joven, viéndolo como un niño problemático de buen corazón, hasta lo último no dejo de preocuparse por él, sobre todo se sentía en deuda por no ayudar a el hermano de Ash y lo sabía por eso siempre le daba señales de que no se preocupe, que estaba bien.
Una vida de prostitución infantil desde los 8 años y una fuerte determinación pudo hacer de Ash indestructible. A diferencia de Lee, el cual, a pesar de a ver sufrido cosas similares que Ash, al ver que este tenía un apoyo en Eiji, el odio y la envidia se apoderaron de él. ¿Quién era Eiji y por qué Ash lo quería tanto? Su frustración lo volvió en algunos de los casos en el enemigo, pero al final pudo admitir sus errores y querer cambiar.
Siendo la punta del Iceberg descubierta, todo era cuestión de tiempo para derretir el glaciar. Todo parecía al fin estar en paz, y es el final el que más duele. Uno jamás podrá escapar de su pasado, y la opción que ofrecía Eiji Okumura a Ash le sonaba tentador. No existe manera más perfecta que las palabras de amor y gratitud dentro de la carta, Ash decidió dejar de pelear y rendirse antes sus palabras.
Aunque su pasado lo persiga, tomara las palabras de Eiji.











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